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lunes, 9 de julio de 2018
Agua
¿Por qué será que el agua en movimiento contínuo se me convierte en una obsesión? En cualquiera de sus formas, me doy cuenta que podría detenerme a mirarla horas... Las cataratas y cascadas en su caída libre, las olas del mar y su vaivén... ¿O son las del Río de la plata? Furiosas o tranquilas, según el viento... El fluir eterno de un arroyo, su arrullo, su paz... Las nubes que se mueven en el cielo, sus formas... Siento que tienen algo que decir... Y yo, simple mortal, que intento captar el momento... Si elijo una exposición larga, el agua sale así, moviéndose. Pero igual siento que la estoy atrapando, que ahora queda prisionera de ese momento. ¿Dónde estará, ahora, todo ese este agua que en algún momento congelé en mi imagen? ¿Cuántas veces habrá sido río? ¿Habrá llegado al mar? ¿Cuántas veces habrá sido nube y luego lluvia? ¿Cuántos ríos distintos habrá sido antes de ser Iguazú? ¿Y después?
Qué poder maravilloso el del agua, qué elemento más maleable y hermoso, cuánta libertad... Ojalá yo pudiera fluir así, ser cascada, llegar al mar, volverme ola, nube, lluvia y río sucesivamente...
¿Acaso la vida no se trata un poco de eso? Fluir, transformarse, ser absolutamente libre, aunque cada tanto pase alguien con una cámara de fotos y nos capture tan solo por un momento.
Creo que encontré el propósito en esta vida: ser como el agua. Y sepan que cada foto mía no es más que una captura de un momento de mí, porque esa ya no soy yo.
viernes, 29 de diciembre de 2017
Viajar...
Si tuviera que definir mi 2017 con un verbo, ese verbo sería "Viajar". Y cuando digo Viajar no me refiero estrictamente a un viaje de esos largos, de meses y miles de kilómetros.
Un viaje puede durar lo que tarda el 25 en llevarte desde Barracas de vuelta a tu casa, luego de haber decidido terminar con el maltrato y dar un paso al costado para cambiar de vida.
Viajar puede ser volver a ese lugar que se quedó atado a uno de los peores recuerdos de tu vida, sólo para dar con un nuevo comienzo, una nueva aventura.
Viajar puede significar tomarse el buque (sí, a veces también literalmente), para encontrarse con los demás, y que ese encuentro termine siendo con uno mismo. Viajar puede ser espantar fantasmas, para mirarlos desde arriba y entender que no eran ni un décimo de lo aterradores que podrían llegar a ser.
Viajar a la frontera con Brasil en busca de cafeteras, y de café. Viajar en busca de un beso. Viajar en busca de paz. Viajar en busca de algo de libertad. Viajar para cumplir un sueño, el de ver mar y montañas juntos. Viajar en busca de un río que se encuentra con un mar, y por momentos no sabés muy bien cuál es cual. Viajar buscando su abrazo. Viajar solamente para sentarse en su sombra, y respirarlo, y saber que ahora está ahí, que siempre está ahí... Viajar para compartir la vida, la risa... Viajar para seguir viajando a pie, descalza, con las olas que me mojan los pies. Viajar para ver el atardecer. Viajar para ver el amanecer. Viajar para compartir la música. Viajar para buscar respuestas, aunque éstas te terminen destrozando el corazón. Y volver a viajar de regreso a casa, para reamarse, para juntar fuerzas y seguir viajando...
Viajar para crecer, crecer mucho... Y agradecer, a cada instante, cada persona, cada lugar...
Un viaje puede durar lo que tarda el 25 en llevarte desde Barracas de vuelta a tu casa, luego de haber decidido terminar con el maltrato y dar un paso al costado para cambiar de vida.
Viajar puede ser volver a ese lugar que se quedó atado a uno de los peores recuerdos de tu vida, sólo para dar con un nuevo comienzo, una nueva aventura.
Viajar puede significar tomarse el buque (sí, a veces también literalmente), para encontrarse con los demás, y que ese encuentro termine siendo con uno mismo. Viajar puede ser espantar fantasmas, para mirarlos desde arriba y entender que no eran ni un décimo de lo aterradores que podrían llegar a ser.
Viajar a la frontera con Brasil en busca de cafeteras, y de café. Viajar en busca de un beso. Viajar en busca de paz. Viajar en busca de algo de libertad. Viajar para cumplir un sueño, el de ver mar y montañas juntos. Viajar en busca de un río que se encuentra con un mar, y por momentos no sabés muy bien cuál es cual. Viajar buscando su abrazo. Viajar solamente para sentarse en su sombra, y respirarlo, y saber que ahora está ahí, que siempre está ahí... Viajar para compartir la vida, la risa... Viajar para seguir viajando a pie, descalza, con las olas que me mojan los pies. Viajar para ver el atardecer. Viajar para ver el amanecer. Viajar para compartir la música. Viajar para buscar respuestas, aunque éstas te terminen destrozando el corazón. Y volver a viajar de regreso a casa, para reamarse, para juntar fuerzas y seguir viajando...
Viajar para crecer, crecer mucho... Y agradecer, a cada instante, cada persona, cada lugar...
lunes, 11 de diciembre de 2017
Contar molinos
Voy en el auto por la ruta con mi hermano menor al volante. Minutos antes, por ese mismo lugar, pasaron mis otros hermanos, también al volante de sus respectivos autos, llevando a sus hijos, a mi vieja, a sus compañeros de vida, a sus sobrinos, a otros hermanos...
Recorremos este camino desde que somos chicos, y hoy, desde nuestra adultez, quién sabe por qué número de vez... Y todos comentamos lo mismo, nos emocionamos... N
unca, pero nunca nos cansamos de su belleza, de esas curvas y contracurvas que revelan la serranía y que nunca nos deja de sorprender...
Y en medio de todo eso descubro los molinos a contraluz... Y recordamos cómo, en un viaje que se nos antojaba eterno, y para matar el aburrimiento, mis viejos nos entretenían con poco y nos proponían un juego muy simple: contar molinos... Quién sabe cuántas horas podríamos pasar así... Para cuando llegábamos a estos parajes, en donde nos bajábamos del auto para ser simplemente felices, habíamos pasado los 100 ampliamente...
Es sólo cuestión de volver a esos momentos para recuperar la esencia de esa infancia, esa felicidad que aún guardamos en algún rincón nuestro, y entonces, simplemente, contar... 1...2...3...
Recorremos este camino desde que somos chicos, y hoy, desde nuestra adultez, quién sabe por qué número de vez... Y todos comentamos lo mismo, nos emocionamos... N
unca, pero nunca nos cansamos de su belleza, de esas curvas y contracurvas que revelan la serranía y que nunca nos deja de sorprender...
Y en medio de todo eso descubro los molinos a contraluz... Y recordamos cómo, en un viaje que se nos antojaba eterno, y para matar el aburrimiento, mis viejos nos entretenían con poco y nos proponían un juego muy simple: contar molinos... Quién sabe cuántas horas podríamos pasar así... Para cuando llegábamos a estos parajes, en donde nos bajábamos del auto para ser simplemente felices, habíamos pasado los 100 ampliamente...
Es sólo cuestión de volver a esos momentos para recuperar la esencia de esa infancia, esa felicidad que aún guardamos en algún rincón nuestro, y entonces, simplemente, contar... 1...2...3...
jueves, 18 de agosto de 2016
13 meses
Me desperté alterada, pensando en el vértigo de los días, en lo rápido que se pasa el calendario, hasta que caí en la cuenta que hoy era 17...
Lo pensé todo el día, lo extrañé todo el día. Miré sus fotos una y otra vez, de jóven, de adulto... volví a afirmar que tengo su misma mirada. Salí a la calle a respirar y volví pensando en el día que en el hospital nos dieron su ropa en una bolsa. Su ropa y un manojo de llaves que nunca supimos qué abrían... ya no las iba a necesitar más. Si al fin y al cabo nos vamos de este mundo como vinimos, en pelotas... no nos llevamos más que una vida vivida y un montón de experiencia. Nos quedamos en los demás... Y es entonces cuando entiendo que eso es lo importante. Vivir plenamente, ser generoso, quedarse en los demás.
Nada más.
Lo pensé todo el día, lo extrañé todo el día. Miré sus fotos una y otra vez, de jóven, de adulto... volví a afirmar que tengo su misma mirada. Salí a la calle a respirar y volví pensando en el día que en el hospital nos dieron su ropa en una bolsa. Su ropa y un manojo de llaves que nunca supimos qué abrían... ya no las iba a necesitar más. Si al fin y al cabo nos vamos de este mundo como vinimos, en pelotas... no nos llevamos más que una vida vivida y un montón de experiencia. Nos quedamos en los demás... Y es entonces cuando entiendo que eso es lo importante. Vivir plenamente, ser generoso, quedarse en los demás.
Nada más.
domingo, 19 de junio de 2016
El pulidor de piedritas
Tendría unos 12 años cuando empecé con mi alma de Hippie. En mi mente de niña no existía la posibilidad de comprar las hermosas piedras coloridas que yo veía que los artesanos engarzaban en todo tipo de "joyas". Veía sus colores y pensaba que éstos salían a relucir porque esas piedras estaban pulidas, y me preguntaba cómo harían para destacar semejante naturaleza del mineral.
"Yo quiero pulir piedras y que me queden así", le dije un día a mi viejo. Y me pareció lo más natural del mundo que él encontrara una solución para semejante iniciativa. Nunca se me ocurrió que a 10 minutos de mi casa existía un barrio en el que las vendían ya procesadas, teñidas y agujereadas. Y a mi viejo le pareció mucho más divertido, porque no creo que hubiese sido mucho mas fácil, dejarse llevar por mi pequeño delirio y compartir la iniciativa de hacer algo juntos.
El primer paso consistía en ir de "shopping" al chatarrero. Lo de Tomasito era el lugar en donde mi viejo disfrutaba de pasear entre chatarra para ver qué había de "nuevo" para llevarse a un módico precio; a veces tan módico que acababan por regalárselo.
Un día, ya siendo más grande le pedí que me comprara una chapa de galvanizado para hacer una carterlera de imanes, y apareció con una chapa medio chueca, mientras me aseguraba que eso me iba a servir. Un reciclador nato el viejo, tan es así que en el medio de mi cuarto tengo plantado un palo de semáforo peatonal sosteniendo una escalera, pero esa es otra historia.
El sistema era sencillo. Un pie, o base, que sostenía un motor con un eje que giraba, y sujeto al eje un tubo cuyos extremos tenían una rosca a la cual se enroscaba una tapa, como esos bulones que sirven para tapar los extremos de los caños. Pronto estuvo listo nuestro invento, llenamos el tubo de cantos rodados cuidadosamente seleccionados de una pila de una obra que había en la esquina de casa. Una mezcla de cantos rodados y arena que funcionaría de agente de abrasión que puliría nuestras piedras. Se cerraba el tubo con el bulón y el eje empezaba a girar indefinidamente . Un CLAC, CLAC, CLAC, CLAC contínuo de piedras golpeando y golpeando salía del aparato, y al cabo de unas horas obteníamos unos bellísimos... cantos rodados de la obra de la esquina un poco más brillantes...
Hoy de esa máquina sólo queda la base.
Si tengo que pensar en mi viejo eligiendo un regalo para mí, no puedo más que imaginarlo junto a mi vieja, que es quien también, en su inmensa generosidad, siempre tiene la iniciativa de dar regalos a los demás, siempre antes que a ella misma. A papá lo veo ayudando a elegir, haciendo la segunda, quizás refunfuñando un poco si las compras se vuelven excesivas, dando rienda suelta si en algún momento veía que había algo que realmente queríamos y que su bolsillo en ese momento se podía permitir.
Sus regalos espontáneos eran éstos: Una máquina de vapor, un pulidor de piedritas, fabricar un barrilete, un avión, un barco a escala... Pulir durante horas un vidrio, para luego hacer un espejo, para construir un telescopio con el cual ver el cometa Halley. Uno de los recuerdos más antiguos de mi infancia es ese, ver el cometa Halley por el telescopio.
Papá se pinchaba las manos para traerme un gajo de cáctus del desierto porque sabía que me gustaban. Me traía un kilo de sal de alumbre de química Oeste cuando le pedía que me enseñara a hacer cristales, porque eso era algo que yo tenía que saber. El kilo de sal aún está ahí, creímos tener tiempo de sobra, y el tiempo no nos alcanzó. Es una deuda pendiente que pronto pienso cumplir. Porque las herencias se agradecen. Y mi viejo me dejó una herencia muy grande, una herencia que no tiene que ver con contar billetes: yo tuve un viejo que siempre estuvo ahí para darle, o al menos intentarlo, respuesta a mis inquietudes, para darme valor cuando tuve miedo, hacerme creer importante cuando venía a consultarme ciertas cosas porque yo era "la entendida", o sonreir de orgullo cuando corría a mostrarle algo que también a mí me enorgullecía. Y yo sé que me ama, aunque fuese duro con eso de dar abrazos, y más aún de soltar palabras. Él no decía. Él siempre hizo.
No me puedo quejar. Soy muy rica.
Donde quiera que andes. Gracias. Gracias y feliz día.
lunes, 28 de marzo de 2016
Remendar, recauchutar, reinventarse.
Juntar retazos, remendar, recauchutar, reinventarse, rehacer, rearmar, volver a dar sentido. Yo. Hoy.
Las ciudades y los nombres 4.
Clarice, ciudad gloriosa, tiene una historia atormentada. Varias
veces decayó y volvió a florecer, teniendo siempre a la primera Clarice
como modelo inigualable de todo esplendor, por comparación con la
cual el estado presente de la ciudad no deja de suscitar nuevos suspiros a
cada vuelta de las estrellas.
En los siglos de degradación la ciudad, vaciada por las pestilencias,
rebajada de estatura por los derrumbes de viguerías y cornisas y por los
desmoronamientos de tierra, oxidada y obstruida por incuria o ausencia
de los encargados de la conservación, se repoblaba lentamente al
reemerger de sótanos y madrigueras hordas de supervivientes que como
ratones hormigueaban movidos por la manía de hurgar y roer, y también
de arrebañar residuos y frangollar, como pájaros haciendo su nido.
Se dedicaban a todo lo que podía sacarse de donde estaba para
ponerlo en otro lugar a fin de darle otro uso: los cortinajes de brocado
terminaban por hacer de sábanas; en las urnas cinerarias de mármol
plantaban albahaca; las verjas de hierro forjado arrancadas de las
ventanas de los gineceos servían para asar carne de gato sobre fuegos de
madera taraceada. Puesta en pie por fragmentos desparejos de la Clarice
inservible, tomaba forma una Clarice de la sobrevivencia, toda tugurios y
cuchitriles , charcos infectos, conejeras. Y sin embargo, del antiguo
esplendor de Clarice no se había perdido casi nada, todo estaba allí, solo
que dispuesto en un orden diferente pero adecuado no menos que antes
a las exigencias de los habitantes.
A los tiempos de indigencia sucedían épocas más alegres: una
Clarice mariposa suntuosa brotaba de la Clarice crisálida menesterosa; la
nueva abundancia hacia rebosar la ciudad de materiales, edificios,
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objetos nuevos; otras gentes afluían del exterior; nada ni nadie tenía que
ver con la Clarice o las Clarices de antes; y cuanto más se asentaba
triunfalmente la nueva ciudad en el lugar y en el nombre de la primera
Clarice, más advertía que se alejaba de ella, que la destruía no menos
rápidamente que los ratones y el moho: no obstante el orgullo del nuevo
fasto, en el fondo del corazón se sentía extraña, incongruente,
usurpadora.
Y ahora los fragmentos del primer esplendor, que se había salvado
adaptándose a tareas más oscuras, eran nuevamente desplazados,
custodiados bajo campanas de vidrio, encerrados en vitrinas, posados en
cojines de terciopelo, y no porque pudieran servir todavía para algo sino
porque a través de ellos se hubiera querido recomponer una ciudad de la
cual nadie sabía ya nada.
Otros deterioros, otras lozanías se han sucedido en Clarice. Las
poblaciones y las costumbres cambiaron varias veces; quedaron el
nombre, la ubicación y los objetos más difíciles de romper. Cada nueva
Clarice, compacta como un cuerpo viviente con sus olores y su
respiración, exhibe como un collar lo que queda de las antiguas Clarices
fragmentarias y muertas. No se sabe cuándo los capiteles corintios
estuvieron en lo alto de sus columnas; sólo se recuerda uno de ellos que
durante muchos años sostuvo en un gallinero la cesta donde las gallinas
ponían los huevos y de allí paso al Museo de los Capiteles, en fila con los
otros ejemplares de la colección. El orden de sucesión de las eras se ha
perdido; que ha habido una primera Clarice es creencia difundida, pero
no hay pruebas que lo demuestren; los capiteles podrían haber estado
antes en los gallineros que en los templos, en las urnas de mármol podía
haberse sembrado antes albahaca que huesos de difuntos. De seguro se
sabe sólo esto: cierto numero de objetos se desplaza en un determinado
espacio, ya sumergido por una cantidad de objetos nuevos, ya
consumiéndose sin recambio; la regla es mezclarlos cada vez y hacer la
prueba nuevamente de ponerlos juntos. Tal vez Clarice ha sido siempre
solo un revoltijo de trastos desportillados, desparejos, en desuso.
Ítalo Calvino. Las ciudades invisibles.
domingo, 27 de marzo de 2016
Resucitar
Me desperté pensando en que esto de la pascua era algo totalmente carente de sentido.
Cuando mi abuela paterna vivía, era una celebración de esas importantes, lindas, de juntarnos toda la familia, y poner el mantel que tiene pintados huevos de pascua (y sólo se usa para tal ocasión), y celebrar. Cuando mi abuela murió la celebración fue perdiendo color, sólo mantenida por la presencia de mi viejo... y sin mi viejo, todo careció de sentido... No hubo manteles, ni huevos, y a mí me invadió la tristeza...
Por suerte está la familia, e inmersos en ella, los consejos, esos que te ayudan a repensar las cosas, te aportan un punto de vista diferente, y te pueden cambiar el día, o la vida...
Entonces me encontré pensando en la resurrección... En la muerte en vida que fueron estos últimos meses, y en mi necesidad de resucitar de estos últimos días... Empezar a levantarme, de a poco, como quien se levanta de un largo letargo, y necesita desperezarse y recomenzar la vida despacito. Salir de ese paréntesis en el que te encontrás metido para retomar los proyectos, retomar la vida.
Ordenar mi entorno, limpiar los ambientes, de objetos, de tierra, de falta de vida. Convertir mi espacio en un espacio habitable, sacarme la costra, sacarme el peso, ordenar por fuera para ordenarme por dentro, hacer espacio para que vengan cosas nuevas, volver a las viejas cosas que me hacían bien y que abandoné porque la tristeza lo aplastó todo... Retomar... actividades y afectos. Darme una nueva oportunidad. Dar una nueva oportunidad a los que me rodean. Reinventarme, renacer, volver a ser yo, pero yo de nuevo. Como me dijo alguien hoy: Yo, inalterable e inédita al mismo tiempo.
Cuando mi abuela paterna vivía, era una celebración de esas importantes, lindas, de juntarnos toda la familia, y poner el mantel que tiene pintados huevos de pascua (y sólo se usa para tal ocasión), y celebrar. Cuando mi abuela murió la celebración fue perdiendo color, sólo mantenida por la presencia de mi viejo... y sin mi viejo, todo careció de sentido... No hubo manteles, ni huevos, y a mí me invadió la tristeza...
Por suerte está la familia, e inmersos en ella, los consejos, esos que te ayudan a repensar las cosas, te aportan un punto de vista diferente, y te pueden cambiar el día, o la vida...
Entonces me encontré pensando en la resurrección... En la muerte en vida que fueron estos últimos meses, y en mi necesidad de resucitar de estos últimos días... Empezar a levantarme, de a poco, como quien se levanta de un largo letargo, y necesita desperezarse y recomenzar la vida despacito. Salir de ese paréntesis en el que te encontrás metido para retomar los proyectos, retomar la vida.
Ordenar mi entorno, limpiar los ambientes, de objetos, de tierra, de falta de vida. Convertir mi espacio en un espacio habitable, sacarme la costra, sacarme el peso, ordenar por fuera para ordenarme por dentro, hacer espacio para que vengan cosas nuevas, volver a las viejas cosas que me hacían bien y que abandoné porque la tristeza lo aplastó todo... Retomar... actividades y afectos. Darme una nueva oportunidad. Dar una nueva oportunidad a los que me rodean. Reinventarme, renacer, volver a ser yo, pero yo de nuevo. Como me dijo alguien hoy: Yo, inalterable e inédita al mismo tiempo.
jueves, 24 de marzo de 2016
Memoria
La memoria no es una magnitud fiable en una vida. No lo es por la sencilla razón de que no antepone la verdad a todo. No es nunca la exigencia de veracidad lo que decide si la memoria reproduce un suceso correctamente o no. Lo decide el interés personal. La memoria es pragmática, es insidiosa y astuta, pero no de un modo hostil o malicioso; al contrario, hace todo lo posible para satisfacer a su amo. Algunas cosas las empuja hasta el vacío del olvido, otras las retuerce hasta lo irreconocible, otras las malinterpreta elegantemente, y algunas, las menos, las recuerda nítida y correctamente. Tú nunca puedes decidir qué es lo que se recuerda correctamente.
Karl Ove Knausgard. La isla de la infancia.
Karl Ove Knausgard. La isla de la infancia.
sábado, 7 de noviembre de 2015
Origen
-Sabés hace cuánto que no salgo de Caballito yo?-
Hace poco descubrí su origen. Origen. Una de esas palabras
que se me vinieron a la mente al pensarlo.
“Droguería de la estrella”, reza una
pequeña leyenda, y la semana pasada descubrí que aún existe, ahora con el
nombre de “Farmacia de la estrella”, que es una de las más antiguas de la
ciudad, y que está en pleno centro, a metros de la plaza de mayo.
Decidimos pasear un poco por San Telmo. Sábado, nueve de la
mañana. Algunos turistas que se levantan temprano para aprovechar el día, y yo,
mezclados con todas esas actividades que se hacen en horarios en que en la
calle no hay nadie… La calle Defensa vacía de gente, de manteros, de vendedores…
Solamente algún camión de carga y descarga, los barrenderos…
Y en el mercado?
Algún otro loco que se levantó temprano y se toma un café solo. Los anticuarios
aún cerrados y el mercado vacío nos
develan el alma de las cosas, del mercado, donde la vida comienza por los
puestos de frutas y verduras, las carnicerías, los pequeños cafés, negocios
reales del mercado, antes que los puestos
para el turismo invadan todo.
-Yo nací acá- Me dice el barómetro cuando llegamos a la
puerta de “La estrella”. Lástima que la encontramos cerrada. Pero al menos
pudimos caminar juntos su barrio de origen, y mientras, él me contó su historia:
-Nací acá. Pero viví toda mi vida en el barrio de Caballito.
Seguro tu papá te contó. Yo vivía en un palacio. Palacio
Carú se llamaba. Cuando todo el barrio aún era campo, y los palacetes estaban
en las “afueras” de la ciudad. Todo de mármol era el palacio. Y hacía un frio!!
No te imaginás!! El mercurio de mi termómetro siempre estaba por el
suelo!! Tu tía Dora vivió un tiempo ahí,
cuando tuvo que venirse del pueblo a estudiar al internado. Los fines de semana
los pasaba conmigo, en el palacio. Y tu papá venía también cada tanto de visita
a ver a sus tíos. Todavía lo recuerdo. Un chiquito inquieto, menudo, alegre,
siempre curioso… Si hasta se fabricaba su propia pólvora… No me extraña que
después se haya convertido en químico…
Y al final me mudé con él cuando tiraron abajo el palacio.
Ahora ahí hay un edificio, de esos cuadrados y feos. Viste cómo hacen las cosas
hoy, ya no son como antes. Como yo… Todo lleno de curvas y firuletes.
Llevo más de 40 años viviendo en la calle Bertres. Testigo
de todo. Te vi crecer a vos, a tus hermanos, y ahora a tus sobrinos. Los vi
comer fideos innumerable cantidad de veces, y los vi llorar de risa, y de
tristeza. Debo reconocer que me divierto bastante viéndolos pasar. Ese espíritu
de casa abierta a quien la quiera visitar hace de mi hogar algo muy especial. Y
el desfile de personajes nunca termina. Ahora
veo crecer a los nietos. Siempre hay alguno que pasa, que se queda a
dormir-
Ambos nos quedamos un instante callados, hasta que yo
entonces le digo:
-Vos lo extrañás? Yo sí, mucho…
-No sabés cómo- Me dice
–La casa está triste sin él, aunque a veces me parece percibirlo,
siento sus pasos pausados crujiendo en el piso de madera. Seguramente nos
estará cuidando. Después de todo, nosotros, todo lo que esta casa encierra,
somos él, no te olvides de eso-
Se me caen unas lágrimas mientras lo pienso.
Seguimos camino rumbo a la plaza de mayo. Subte A. Nos
volvemos ambos para Caballito, de donde somos…
sábado, 31 de octubre de 2015
Contrastes
Sin embargo, aunque su propia mente no podía plantear el problema en términos tan claros, sospechaba que el sabor mismo de la vida cobraba mayor intensidad gracias precisamente al riesgo. Tal vez era algo relacionado con toda la filosofía del mundo en que nacemos. Si hemos de vivir eternamente, ¿Quien puede interesarse en el mañana? Si no hubiese sombras, ¿Quién atribuiría valor al sol? La tristeza después del frío, el alimento después del hambre, la bebida después de la sed, el amor sexual después de la abstinencia, el saludo afectuoso del padre después de la ausencia, la comodidad y el fuego del hogar después de cabalgar bajo la lluvia, el calor y la paz y la seguridad de nuestra casa después de vivir entre enemigos. Si no había contraste, el resultado podía ser la saciedad. No atribuía originalidad a sus propios pensamientos, pero éstos eran un factor de su decisión.
Luna Negra. Winston Graham.
domingo, 25 de octubre de 2015
Árbol de navidad
Enarboladas...
Y arriba, la luna...
La primer navidad de mis padres en Bertres tuvo el cedro como representante de la celebración. Luego se eligió un rincón del jardín para plantarlo, y allí creció y llegó a convertirse en el árbol mas alto de la manzana hasta que la tormenta del 4 de abril del 2012 lo dejó trunco y desfigurado. Pensamos que ese era el fin, lloramos como locos a nuestro árbol, y sin embargo encontró el modo de sobrevivir, sacó ramas alocadas hacia un costado y ahí estuvo...
Estos días son de esos que todo me cuesta el triple. Que si fuese por mí no saldría de la cama.
Observé con preocupación que los plantines de tomate me necesitaban. O más bien que necesitaban un transplante urgente. Puse manos a la obra, sobreponiéndome a la voluntad de no querer hacer nada.
Subí las macetas a la terraza. Es ahí que los tomates van a gozar plenamente del sol. Observé el cedro, sus ramas sobrevivientes, y me lo encontré enarbolado por otra planta, enredada en sus ramas, adornándolo con flores, pimpollos y frutos. El Maracuyá creció por entre las espinas, y me regaló un árbol de navidad anticipado. Como ese primer árbol del año 71. Como los incontables árboles que hicimos cuando con papá nos tomábamos prestada una rama del enorme cedro para adornarla. Tal vez sea un homenaje a ese hombre, no lo sé... Flores para él... Flores, y encima, la luna de testigo... Y en la luna, Él...
De qué hablo cuando hablo de magia? Hablo de ésto...
lunes, 17 de agosto de 2015
¿Qué es el alma?
Qué es el alma?
Desde que el corazón de papá dejó de latir, hace exactamente un mes, que me pregunto qué es el alma.
Como dice el cantante Jovanotti "el mundo es más complejo que una definición". Y desde entonces doy vueltas intentando encontrar una explicación a todo ésto que siento, y que no sé cómo definir:
Una mezcla de yunque pesado que se posó sobre mi cabeza, de tristeza que se me hace indeleble, y de sentir que el cuerpo de papá ya no está, pero a su vez está repartido en todos los cuerpos de aquellos a los que les dejó algo adentro suyo. Papá dejó de ser uno para ser muchos, o mejor dicho, siempre fue muchos. Papá ES en cada uno de los que ayudó, y en cada uno de los que lo ayudaron. Mi viejo, sinónimo de la palabra DAR, y de la palabra ENSEÑAR.
Hoy lo entendí, en el medio de una tormenta que pareció eterna, que nos agarró con muchos rayos y mucha agua, cuando cruzando muchos metros de una calle muy anegada con el auto, Agustina al volante sabía muy bien lo que tenía que hacer: no asustarse, ir despacio y bajo ningún concepto
frenarse. Lo había aprendido este verano, cuando en un contexto semejante papi le había enseñado la teoría, llevada a la práctica inmediatamente, de cómo vadear un arroyo. Y ahí estaba hoy, cuidando a estas cuatro mujeres subidas a un auto en medio de una calle convertida en lago, se había encargado de transmitirlo, y sus palabras certeras y llenas de sabiduría llegaron a nuestras mentes para cuidarnos. Así como en la ruta, en medio del diluvio, una voz en mi cabeza me hizo decirle a Agustina que bajara la velocidad, que iba muy rápido. Él estaba ahí, salió de mi voz, pero era él, él en mí, en la certeza que tuve de que estaría diciendo exactamente eso si pudiera hablar.
Qué es el alma? Es eso que le regaló a cada uno que haya tenido la suerte de conocerlo, y que seguramente, en algún momento de su vida sea una enseñanza para hacer de esa persona algo bueno para su vida.
Papá está por todos lados, y eso me llena de emoción.
Ojalá la tristeza de a poco se vaya destiñendo, como el color de las tinturas con los lavados. Sé que su huella se queda en nosotros para siempre, para cuidarnos, para convertirnos en mejores personas.
Ojalá aquellos que hayan recibido un poquito de esa herencia, y la tengan en su haber, sepan valorarla y cuidarla. Serán tristes quienes no tengan semejante sensibilidad.
Sé que tengo un RE PAPÁ. Y que me dejó de herencia una RE FAMILIA. Y es por ÉL y por ELLOS que hoy sigo adelante.

Desde que el corazón de papá dejó de latir, hace exactamente un mes, que me pregunto qué es el alma.
Como dice el cantante Jovanotti "el mundo es más complejo que una definición". Y desde entonces doy vueltas intentando encontrar una explicación a todo ésto que siento, y que no sé cómo definir:
Una mezcla de yunque pesado que se posó sobre mi cabeza, de tristeza que se me hace indeleble, y de sentir que el cuerpo de papá ya no está, pero a su vez está repartido en todos los cuerpos de aquellos a los que les dejó algo adentro suyo. Papá dejó de ser uno para ser muchos, o mejor dicho, siempre fue muchos. Papá ES en cada uno de los que ayudó, y en cada uno de los que lo ayudaron. Mi viejo, sinónimo de la palabra DAR, y de la palabra ENSEÑAR.
Hoy lo entendí, en el medio de una tormenta que pareció eterna, que nos agarró con muchos rayos y mucha agua, cuando cruzando muchos metros de una calle muy anegada con el auto, Agustina al volante sabía muy bien lo que tenía que hacer: no asustarse, ir despacio y bajo ningún concepto
frenarse. Lo había aprendido este verano, cuando en un contexto semejante papi le había enseñado la teoría, llevada a la práctica inmediatamente, de cómo vadear un arroyo. Y ahí estaba hoy, cuidando a estas cuatro mujeres subidas a un auto en medio de una calle convertida en lago, se había encargado de transmitirlo, y sus palabras certeras y llenas de sabiduría llegaron a nuestras mentes para cuidarnos. Así como en la ruta, en medio del diluvio, una voz en mi cabeza me hizo decirle a Agustina que bajara la velocidad, que iba muy rápido. Él estaba ahí, salió de mi voz, pero era él, él en mí, en la certeza que tuve de que estaría diciendo exactamente eso si pudiera hablar.
Qué es el alma? Es eso que le regaló a cada uno que haya tenido la suerte de conocerlo, y que seguramente, en algún momento de su vida sea una enseñanza para hacer de esa persona algo bueno para su vida.
Papá está por todos lados, y eso me llena de emoción.
Ojalá la tristeza de a poco se vaya destiñendo, como el color de las tinturas con los lavados. Sé que su huella se queda en nosotros para siempre, para cuidarnos, para convertirnos en mejores personas.
Ojalá aquellos que hayan recibido un poquito de esa herencia, y la tengan en su haber, sepan valorarla y cuidarla. Serán tristes quienes no tengan semejante sensibilidad.
Sé que tengo un RE PAPÁ. Y que me dejó de herencia una RE FAMILIA. Y es por ÉL y por ELLOS que hoy sigo adelante.

martes, 14 de abril de 2015
Soñé
Soñé con aquellas palabras no dichas, con aquellas palabras que se estaban pudriendo dentro, y buscaban salir por el inconsciente, en forma de sueño... Con las palabras venían los abrazos no dados, los abrazos que ya no daría nunca más...
Y a veces, de tanto soñar, la vida te sacude. No se sabe muy bien cómo será que funciona, pero siempre termina sucediendo, y suceden los encuentros fortuitos. Y las palabras no dichas ya no existen, y sólo queda el valor de saber que, aunque vapuleado y maltratado, hay un lazo que todavía existe, que se estira, pero no se corta. No tiene nombre ni título. Hay relaciones que no se pueden titular, eso es lo que deberíamos saber. Simplemente es así. Y los abrazos no dados, abrazos soñados, nos encuentran de nuevo, en uno apretado, sentido, solamente para recordarnos que aún somos uno, y nuestros perfumes se mezclan en uno solo, al menos esos segundos somos uno, uno solo, antes de separarnos y volver a nuestras vidas, tan distintas, tan paralelas, hasta la próxima vez... Que el destino haga lo suyo.
Y a veces, de tanto soñar, la vida te sacude. No se sabe muy bien cómo será que funciona, pero siempre termina sucediendo, y suceden los encuentros fortuitos. Y las palabras no dichas ya no existen, y sólo queda el valor de saber que, aunque vapuleado y maltratado, hay un lazo que todavía existe, que se estira, pero no se corta. No tiene nombre ni título. Hay relaciones que no se pueden titular, eso es lo que deberíamos saber. Simplemente es así. Y los abrazos no dados, abrazos soñados, nos encuentran de nuevo, en uno apretado, sentido, solamente para recordarnos que aún somos uno, y nuestros perfumes se mezclan en uno solo, al menos esos segundos somos uno, uno solo, antes de separarnos y volver a nuestras vidas, tan distintas, tan paralelas, hasta la próxima vez... Que el destino haga lo suyo.
lunes, 21 de julio de 2014
Promesas
Cuando uno es chico todo parece eterno.
De grande aprende que no, que no todo lo es...
Las promesas, los sentimientos, todo, suenan adentro de un "para siempre" que nos parece invencible, irrompible...
Encontré un cuaderno lleno de promesas... Podría decir que muchas fueron vanas... Una de ellas prometía eterna compañía:
La amistad apenas nacía. La afirmación ya se antojaba eterna. Una promesa. Un Siempre. Un forever.
Y ayer me tocó otro Siempre. Los medios cambiaron. Las promesas adolescentes quedaron atrás con las primeras canas. Los puntos de encuentro son otros... Sinceramente, ya no sé si los hay... Porque pareciera que con la adultez todo se hace mas difícil, y el por siempre que afirmamos pareciera convertirse más bien en un...
Pero cuando me encuentro dudando, o teniendo certezas equivocadas, siempre hay un sueño que pareciera venir a salvarme, a salvar esas promesas de amistad adolescente. Y entonces recuerdo que hay un lazo invisible que nos une: Es el pensarnos sin sabernos.
De grande aprende que no, que no todo lo es...
Las promesas, los sentimientos, todo, suenan adentro de un "para siempre" que nos parece invencible, irrompible...
Encontré un cuaderno lleno de promesas... Podría decir que muchas fueron vanas... Una de ellas prometía eterna compañía:
La amistad apenas nacía. La afirmación ya se antojaba eterna. Una promesa. Un Siempre. Un forever.
Y ayer me tocó otro Siempre. Los medios cambiaron. Las promesas adolescentes quedaron atrás con las primeras canas. Los puntos de encuentro son otros... Sinceramente, ya no sé si los hay... Porque pareciera que con la adultez todo se hace mas difícil, y el por siempre que afirmamos pareciera convertirse más bien en un...
Pero cuando me encuentro dudando, o teniendo certezas equivocadas, siempre hay un sueño que pareciera venir a salvarme, a salvar esas promesas de amistad adolescente. Y entonces recuerdo que hay un lazo invisible que nos une: Es el pensarnos sin sabernos.
viernes, 24 de enero de 2014
Unos DIAZ de mierda...
Hoy, dos meses y medio después de haber pagado la reserva, nos entregaron el auto. Eso sí, reservamos un vehículo, y nos terminamos llevando otro. ¿Que pasó con el auto que reservamos? Simple, un mes y medio después nos dijeron que no existía. No sé si se lo vendieron a otro, o nunca existió, lo concreto es que pagamos una reserva por un poco de aire, porque de un auto nunca fue. Como contrapartida nos ofrecieron un modelo distinto. Eso sí, pagando la diferencia de 2500 pesos de valor. Y como si no hubiésemos esperado suficiente hasta que admitieron que HABÍAMOS PAGADO UN AUTO QUE NO EXISTÍA, aún tuvimos que esperar 20 días más para que nos hagan la entrega (el plazo "normal", era de 10 días), y como si fuera poco, a la hora de hacer los trámites (por los cuales también pagamos un plus) ni siquiera eso hicieron bien. Pedimos dos cédulas verdes y dos azules, nos dieron una sola, verde...
Pasamos la peor experiencia de compra de nuestras vidas, y por eso paso por acá, y les pido que si quieren compartan, así ningún otro incauto sigue cayendo en las garras de estos caraduras, porque por lo pronto, nosotros pasamos casi tres meses de angustia.
Eso sí, al retirarnos con el vehículo, me dieron un ramo de flores con esta hermosa tarjeta. Ironía pura! Prefería dos litros más de nafta!
NO LE COMPREN A LA CONCESIONARIA DÍAZ. A NOSOTROS NOS HICIERON PASAR UNOS "DIAZ" DE MIERDA!!
Pasamos la peor experiencia de compra de nuestras vidas, y por eso paso por acá, y les pido que si quieren compartan, así ningún otro incauto sigue cayendo en las garras de estos caraduras, porque por lo pronto, nosotros pasamos casi tres meses de angustia.
Eso sí, al retirarnos con el vehículo, me dieron un ramo de flores con esta hermosa tarjeta. Ironía pura! Prefería dos litros más de nafta!
NO LE COMPREN A LA CONCESIONARIA DÍAZ. A NOSOTROS NOS HICIERON PASAR UNOS "DIAZ" DE MIERDA!!
miércoles, 22 de enero de 2014
Aunque siga brillando la luna
-Creo en las obras, y hay muchas obras en Marte. Hay calles y casas, y me imagino que también habrá libros, y canales mayores que éste, y relojes, y cuadras, si no para caballos quizá para animales domésticos de doce patas, ¿Quién sabe? En todas partes veo cosas usadas. Cosas que fueron utilizadas durante siglos. Si usted me pregunta si creo en el espíritu de las cosas usadas, le diré que sí. Todas las cosas que hoy nos rodean sirvieron algún día para algo. Nunca podremos utilizarlas sin sentirnos incómodos. Y esas montañas, por ejemplo, tienen nombres... Nunca nos serán familiares; las bautizaremos de nuevo, pero sus verdaderos nombres son los antiguos. La gente que vio cambiar esas montañas las conocía por sus antiguos nombres. Los nombres con que bautizaremos esas montañas y los canales resbalarán sobre ellos como el agua sobre un pato. Por mucho que nos acerquemos a Marte, jamás lo alcanzaremos. Y nos pondremos furiosos, ¿y sabe usted qué haremos entonces? Lo destrozaremos, le arrancaremos la piel y lo transformaremos a nuestra imagen y semejanza.
-No arruinaremos este planeta -dijo el capitán-. Es demasiado grande y demasiado interesante.
-¿Cree usted que no? Nosotros, los habitantes de la Tierra, tenemos un talento especial para arruinar todo lo noble, todo lo hermoso. No pusimos quioscos de salchichas calientes en el templo egipcio de Karnak, sólo porque quedaba a trasmano y el negocio no podía dar grandes utilidades. Y Egipto es una pequeña parte de la Tierra. Pero aquí todo es antiguo y diferente. Nos instalaremos en alguna parte y los estropearemos todo. Llamaremos al canal, canal Rockefeller; a la montaña, pico del Rey Jorge, y al mar, mar de Dupont; y habrá ciudades con nombres como Roosevelt, Lincoln y Coolidge, y esos nombres nunca tendrán sentido, pues ya existen los nombres adecuados para estos sitios.
Fragmento de Crónicas Marcianas. Ray Bradbury. 1955.
-No arruinaremos este planeta -dijo el capitán-. Es demasiado grande y demasiado interesante.
-¿Cree usted que no? Nosotros, los habitantes de la Tierra, tenemos un talento especial para arruinar todo lo noble, todo lo hermoso. No pusimos quioscos de salchichas calientes en el templo egipcio de Karnak, sólo porque quedaba a trasmano y el negocio no podía dar grandes utilidades. Y Egipto es una pequeña parte de la Tierra. Pero aquí todo es antiguo y diferente. Nos instalaremos en alguna parte y los estropearemos todo. Llamaremos al canal, canal Rockefeller; a la montaña, pico del Rey Jorge, y al mar, mar de Dupont; y habrá ciudades con nombres como Roosevelt, Lincoln y Coolidge, y esos nombres nunca tendrán sentido, pues ya existen los nombres adecuados para estos sitios.
Fragmento de Crónicas Marcianas. Ray Bradbury. 1955.
martes, 21 de enero de 2014
Autito
Por qué será que a veces nos cuesta desprendernos de ciertos bienes materiales? Al fin y al cabo son sólo cosas que están a nuestro servicio.
Será la carga emocional, los momentos que guardamos, o a los que nos conducen esas cosas...
Los autos en mi familia siempre guardaron esa sensación... Esa sensación de ser parte... Esa herramienta, ese ser que siempre nos llevaba de vacaciones, vehículo de recuerdos, felicidades, millones de anécdotas...
Será por eso que cuesta... Fue el primer 0 km de mis viejos, comprado con el fruto de años de esfuerzo y laburo. Y curiosamente es el primer auto del cual mis viejos se desprenden sin quedar éste en la familia (o terminar en un desarmadero)...
Será por eso que cuesta... Porque aún le queda mucha vida por delante, y entonces nos encontramos preguntándolos si su próximo dueño lo querrá como lo quisimos nosotros... Y nos encontramos balbuceando deseos, en secreto... "Ojalá que te hagan bailar como te hago bailar yo", le dice Agustina, bajito... " Y que no te obliguen a escuchar a Arjona..." agregaría yo... Ojalá no te obliguen a hacer todas esas cosas que odiamos que nos hagan. Que no te obliguen a pasar por la derecha en las autopistas, que siempre te lleven a un máximo de 120, que te conduzcan con prudencia, que usen tus cinturones de seguridad, y que nunca te veas obligado a usar tus airbags... que no te estacionen tapando las rampas de discapacitados, ni en medio de las ochavas... Ojalá te manejen con prudencia, y la chapa te dure mucho más tiempo lisita... Ojalá no obliguen al enano (el que hace los cambios) a pistear... Ojalá lleves niños de un lado para el otro, porque son la expresión de la vida y el jolgorio...
Y ojalá que también te hagan seguir viendo muchos amaneceres como éste:
Será la carga emocional, los momentos que guardamos, o a los que nos conducen esas cosas...
Los autos en mi familia siempre guardaron esa sensación... Esa sensación de ser parte... Esa herramienta, ese ser que siempre nos llevaba de vacaciones, vehículo de recuerdos, felicidades, millones de anécdotas...
Será por eso que cuesta... Fue el primer 0 km de mis viejos, comprado con el fruto de años de esfuerzo y laburo. Y curiosamente es el primer auto del cual mis viejos se desprenden sin quedar éste en la familia (o terminar en un desarmadero)...
Será por eso que cuesta... Porque aún le queda mucha vida por delante, y entonces nos encontramos preguntándolos si su próximo dueño lo querrá como lo quisimos nosotros... Y nos encontramos balbuceando deseos, en secreto... "Ojalá que te hagan bailar como te hago bailar yo", le dice Agustina, bajito... " Y que no te obliguen a escuchar a Arjona..." agregaría yo... Ojalá no te obliguen a hacer todas esas cosas que odiamos que nos hagan. Que no te obliguen a pasar por la derecha en las autopistas, que siempre te lleven a un máximo de 120, que te conduzcan con prudencia, que usen tus cinturones de seguridad, y que nunca te veas obligado a usar tus airbags... que no te estacionen tapando las rampas de discapacitados, ni en medio de las ochavas... Ojalá te manejen con prudencia, y la chapa te dure mucho más tiempo lisita... Ojalá no obliguen al enano (el que hace los cambios) a pistear... Ojalá lleves niños de un lado para el otro, porque son la expresión de la vida y el jolgorio...
Y ojalá que también te hagan seguir viendo muchos amaneceres como éste:
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Soñé...
Soñé que uno de mis hermanos se moría... Y sentía una tremenda tristeza. Y de golpe me daba cuenta de algo terrible, tan terrible que rompía en un llanto desconsolado e inagotable. Ya nunca, nunca más íbamos a estar todos juntos...
Un psicólogo por acá...
Un psicólogo por acá...
sábado, 3 de agosto de 2013
...
Lo descubrió bajo un pino, sentado en el suelo, colocando pequeñas piñas según un dibujo regular, un triángulo isósceles. A esas horas de la madrugada, Agilulfo tenía siempre la necesidad de dedicarse a un ejercicio de exactitud: contar objetos, ordenarlos en figuras geométricas, resolver problemas de aritmética. Es la hora en que las cosas pierden la consistencia de sombra que las ha acompañado en la noche y vuelven a adquirir poco a poco los colores, pero mientras tanto atraviesan algo así como un limbo incierto, apenas rozadas y casi aureoladas por la luz: la hora en que menos seguros estamos de la existencia del mundo. Él, Agilulfo, tenía siempre la necesidad de sentir frente a sí las cosas como un muro macizo al que contraponer la tensión de su voluntad, y sólo así conseguía mantener una segura conciencia de sí mismo. Si en cambio el mundo a su alrededor se esfumaba en lo incierto, en lo ambiguo, también él se sentía ahogar en esta mórbida penumbra, sin conseguir que aflorase del vacío un pensamiento claro, un impulso decidido, un pudonor. Se sentía mal: eran esos los momentos en que creía desfallecer; a veces sólo a costa de un esfuerzo extremo lograba no disolverse. Entonces se ponía a contar: hojas, piedras, lanzas, piñas, cualquier cosa que tuviera adelante. O a ponerlas en fila, a ordenarlas en cuadrados o en pirámides. El dedicarse a estas ocupaciones exactas le permitía vencer el malestar, absorber el descontento, la inquietud y el marasmo, y recobrar la lucidez y compostura habituales.
De "El Caballero inexistente". Ítalo Calvino, 1959.
De "El Caballero inexistente". Ítalo Calvino, 1959.
sábado, 27 de julio de 2013
Filosofía barata y capuccino...
Suelo escribir más desde la bronca que desde la alegría... ésto no sé qué es... Supongo que una mezcla de ambas...
Hoy me viene a la mente algo que pensé hace algún tiempo atrás...
Cuando uno deja que le saquen un poquito de libertad, está perdiendo un poquito de su dignidad...
No me gustan las cosas acartonadas y armadas... aprendí que la vida tiene más sabor cuando vas a la deriva. Las mejores cosas siempre me salieron sin buscarlas, sin planearlas...
El problema es cuando te creés absolutamente libre, y en realidad estás atado por unos hilos invisibles que te convierten en marioneta. Pero es decisión de uno mismo ser marioneta... En el fondo, es también lo que uno elige, ya sea porque le conviene, por convicción o qué se yo...
O quizás es una cuestión de no encontrar el centro, perder el foco, olvidar hacia donde vamos...
Los oportunistas están en todas partes, deseosos de hacerse de nuestras ideas, de nuestra sangre, de nosotros todos...
Afortunadamente,tengo hermosos ejemplos vivientes que seguir, gente humilde sobre todo, gente que veo y pienso "pucha, yo quiero ser como ellos!"
Gente que levanta la mirada y ve mas allá... Mira a los otros, te mira a vos, te considera, te hace parte de su vida, de su risa, de su aliento.
El "yoismo" es una cosa jodida en estos tiempos... Brindo por aquellos que pueden levantar la vista y mirar más allá, a los otros, al horizonte!
Porque... Hay algo que es seguro, si caminás mirándote la pelusa del ombligo, vas a terminar chocando tu cabeza contra una pared!
Si hay algo que aprendí en este tiempo de vorágine total, es que cada tanto hay que parar el tremendo engranaje que nos tiene atrapados, parar para ver a nuestros amigos, los que se preocupan por nosotros, parar para compartir... es esencial buscarlos...
...decirles que querés verlos, pasar tiempo con ellos, porque hay algo que es real, y es que si no alimentás esa amistad la cosa no va...
...y porque a la larga, son los que te inyectan esa dosis de energía que necesitás para seguir con tu fucking engranaje...
Hoy me viene a la mente algo que pensé hace algún tiempo atrás...
Cuando uno deja que le saquen un poquito de libertad, está perdiendo un poquito de su dignidad...
No me gustan las cosas acartonadas y armadas... aprendí que la vida tiene más sabor cuando vas a la deriva. Las mejores cosas siempre me salieron sin buscarlas, sin planearlas...
El problema es cuando te creés absolutamente libre, y en realidad estás atado por unos hilos invisibles que te convierten en marioneta. Pero es decisión de uno mismo ser marioneta... En el fondo, es también lo que uno elige, ya sea porque le conviene, por convicción o qué se yo...
O quizás es una cuestión de no encontrar el centro, perder el foco, olvidar hacia donde vamos...
Los oportunistas están en todas partes, deseosos de hacerse de nuestras ideas, de nuestra sangre, de nosotros todos...
Afortunadamente,tengo hermosos ejemplos vivientes que seguir, gente humilde sobre todo, gente que veo y pienso "pucha, yo quiero ser como ellos!"
Gente que levanta la mirada y ve mas allá... Mira a los otros, te mira a vos, te considera, te hace parte de su vida, de su risa, de su aliento.
El "yoismo" es una cosa jodida en estos tiempos... Brindo por aquellos que pueden levantar la vista y mirar más allá, a los otros, al horizonte!
Porque... Hay algo que es seguro, si caminás mirándote la pelusa del ombligo, vas a terminar chocando tu cabeza contra una pared!
Si hay algo que aprendí en este tiempo de vorágine total, es que cada tanto hay que parar el tremendo engranaje que nos tiene atrapados, parar para ver a nuestros amigos, los que se preocupan por nosotros, parar para compartir... es esencial buscarlos...
...decirles que querés verlos, pasar tiempo con ellos, porque hay algo que es real, y es que si no alimentás esa amistad la cosa no va...
...y porque a la larga, son los que te inyectan esa dosis de energía que necesitás para seguir con tu fucking engranaje...
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