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miércoles, 22 de enero de 2014

Aunque siga brillando la luna

-Creo en las obras, y hay muchas obras en Marte. Hay calles y casas, y me imagino que también  habrá libros, y canales mayores que éste, y relojes, y cuadras, si no para caballos quizá para animales domésticos de doce patas, ¿Quién sabe? En todas partes veo cosas usadas. Cosas que fueron utilizadas durante siglos. Si usted me pregunta si creo en el espíritu de las cosas usadas, le diré que sí. Todas las cosas que hoy nos rodean sirvieron algún día para algo. Nunca podremos utilizarlas sin sentirnos incómodos. Y esas montañas, por ejemplo, tienen nombres... Nunca nos serán familiares; las bautizaremos de nuevo, pero sus verdaderos nombres son los antiguos. La gente que vio cambiar esas montañas las conocía por sus antiguos nombres. Los nombres con que bautizaremos esas montañas y los canales resbalarán sobre ellos como el agua sobre un pato. Por mucho que nos acerquemos a Marte, jamás lo alcanzaremos. Y nos pondremos furiosos, ¿y sabe usted qué haremos entonces? Lo destrozaremos, le arrancaremos la piel y lo transformaremos a nuestra imagen y semejanza.
-No arruinaremos este planeta -dijo el capitán-. Es demasiado grande y demasiado interesante.
-¿Cree usted que no? Nosotros, los habitantes de la Tierra, tenemos un talento especial para arruinar todo lo noble, todo lo hermoso. No pusimos quioscos de salchichas calientes en el templo egipcio de Karnak, sólo porque quedaba a trasmano y el negocio no podía dar grandes utilidades. Y Egipto es  una pequeña parte de la Tierra. Pero aquí todo es antiguo y diferente. Nos instalaremos en alguna parte y los estropearemos todo. Llamaremos al canal, canal Rockefeller; a la montaña, pico del Rey Jorge, y al mar, mar de Dupont; y habrá ciudades con nombres como Roosevelt, Lincoln y Coolidge, y esos nombres nunca tendrán sentido, pues ya existen los nombres adecuados para estos sitios.


Fragmento de Crónicas Marcianas. Ray Bradbury. 1955.

sábado, 3 de agosto de 2013

...

Lo descubrió bajo un pino, sentado en el suelo, colocando pequeñas piñas según un dibujo regular, un triángulo isósceles. A esas horas de la madrugada, Agilulfo tenía siempre la necesidad de dedicarse a un ejercicio de exactitud: contar objetos, ordenarlos en figuras geométricas, resolver problemas de aritmética. Es la hora en que las cosas pierden la consistencia de sombra que las ha acompañado en la noche y vuelven a adquirir poco a poco los colores, pero mientras tanto atraviesan algo así como un limbo incierto, apenas rozadas y casi aureoladas por la luz: la hora en que menos seguros estamos de la existencia del mundo. Él, Agilulfo, tenía siempre la necesidad de sentir frente a sí las cosas como un muro macizo al que contraponer la tensión de su voluntad, y sólo así conseguía mantener una segura conciencia de sí mismo. Si en cambio el mundo a su alrededor se esfumaba en lo incierto, en lo ambiguo, también él se sentía ahogar en esta mórbida penumbra, sin conseguir que aflorase del vacío un pensamiento claro, un impulso decidido, un pudonor. Se sentía mal: eran esos los momentos en que creía desfallecer; a veces sólo a costa de un esfuerzo extremo lograba no disolverse. Entonces se ponía a contar: hojas, piedras, lanzas, piñas, cualquier cosa que tuviera adelante. O a ponerlas en fila, a ordenarlas en cuadrados o en pirámides. El dedicarse a estas ocupaciones exactas le permitía vencer el malestar, absorber el descontento, la inquietud y el marasmo, y recobrar la lucidez y compostura habituales.

De "El Caballero inexistente". Ítalo Calvino, 1959.

viernes, 8 de marzo de 2013

Homenajes

Hoy es el día de la mujer.
A lo largo de la historia, varios pensadores, humanos y divinos, todos machos, se han ocupado de la mujer, por diversas razones:


  • Por su anatomía                                                      
Aristóteles: La mujer es un hombre incompleto.
Santo Tomás de Aquino: La mujer es un error de la naturaleza, nace de un esperma en mal estado.
Martín Lutero: Los hombres tienen hombros anchos y caderas estrechas. Están dotados de inteligencia. Las mujeres tienen hombros estrechos y caderas anchas, para tener hijos y quedarse en casa.


  • Por su naturaleza


Francisco de Quevedo: Las gallinas ponen huevos y las mujeres, cuernos.
San Juan Damasceno: La mujer es una burra tozuda.
Artur Schopenhauer: La mujer es un animal de pelo largo y pensamiento corto.


  • Por su destino
Dijo Yahvé a la mujer, según la Biblia: Tu marido te dominará.
Dijo Alá a Mahoma, según el Corán: Las buenas mujeres son obedientes.

Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano. 2012.

domingo, 23 de septiembre de 2012

...


"Y sin duda nuestro tiempo... prefiere la imagen a la cosa, la copia a al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser... Lo que es sagrado para él no es sino la ilusión, así, lo que es profano es la verdad. Mejor dicho: lo sagrado se engrandece ante sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, al punto que la mayor ilusión es también para él lo más sagrado."

Feuerbach, Prefacio de la segunda edición de "La esencia del cristianismo".

viernes, 3 de agosto de 2012

...

"...No hacemos más que mentir y darnos importancia. La palabra se hizo para exagerar nuestras sensaciones e impresiones todas... Acaso para creerlas. La palabra y todo el género de expresión convencional, como el beso y el abrazo... No hacemos sino representar cada uno su papel. ¡Todos personas, todos caretas, todos cómicos! Nadie sufre ni goza lo que dice y expresa, y acaso cree que goza y sufre; si no, no se podría vivir. En el fondo estamos tan tranquilos. Como yo ahora, representando a solas mi comedia, hecho actor y espectador a la vez. No mata más que el dolor físico. La única verdad es el hombre fisiológico, el que no habla, el que no miente..."

Miguel de Unamuno. Niebla.

martes, 5 de junio de 2012

Luna y GNAC


Anoche leí este maravilloso cuento de Italo Calvino en Italiano,  y hoy busqué una traducción para poder compartirlo con quien por acá pase. 
Tomensé un tiempito para ojearlo,  hay gente que merece la pena ser leida!



Italo Calvino
traducción: Fernando Acevedo

La noche duraba veinte segundos, y veinte segundos el GNAC. Por veinte segundos se veía el cielo azul abigarrado de nubes negras, la hoz de la luna creciente dorada, subrayada por un halo impecable, y luego estrellas que, más se miraban, más tupían su punzante pequeñez, hasta la polvareda de la Vía Láctea, todo esto visto rápido rápido; cada particular sobre el cual uno se detenía era algo del conjunto que se perdía, porque los veinte segundos terminaban de inmediato y comenzaba el GNAC.
El GNAC era una parte de la publicidad SPAAK-COGNAC en el techo de enfrente, que estaba veinte segundos encendida y veinte apagada, y cuando estaba encendida no se veía nada más. La luna de improviso se desteñía, el cielo se volvía uniformemente negro y plano, las estrellas perdían el brillo, y los gatos y las gatas que hacía diez segundos lanzaban maullidos de amor moviéndose lánguidos uno hacia el otro a lo largo de los canalones y las cornisas, ahora, con el GNAC, se agazapaban sobre las tejas con los pelos erizados, en la fosforescente luz de neón.
Asomada a la mansarda en la que habitaba, la familia de Marcovaldo era atravesada por corrientes opuestas de pensamientos. Estaba la noche e Isolina, con sus dieciocho años, se sentía transportada por el claro de luna, el corazón se le derretía, y hasta el más tenue graznido de radio de los pisos inferiores del inmueble le llegaba como los retoques de una serenata; estaba el GNAC y aquella radio parecía pillar otro ritmo, un ritmo de jazz, e Isolina se extendía en su ropita estrecha y pensaba en los salones de baile a todas luces y ella, pobrecita, sola allí arriba. Pietrucio y Michelino, ocho y seis años, abrían grandes los ojos en la noche y se dejaban invadir por un cálido y suave temor de ser circundados por bosques llenos de bandidos; después ¡el GNAC!, y se desataban con los pulgares derechos y los índices rectos, uno contra el otro: -¡Arriba las manos! ¡Soy Superman!-. Domitilla, la madre, en cada apagarse de la noche pensaba: "Ahora a estos niños es necesario retirarlos, este aire puede hacer mal. ¡Y Teresina asomada a esta hora es una cosa que no va!" Pero todo después era de nuevo luminoso, eléctrico, afuera como adentro, y Domitilla se sentía como de visita en un asilo.
Fiordaligi, por otro lado, muchacho quinceañero precozmente desarrollado veía, cada vez que se apagaba el GNAC, aparecer dentro de la espiral de la ge la ventanilla apenas iluminada de una buhardilla, y detrás del vidrio un rostro de muchacha color de luna, color de neón, color de luz en la noche, una boca todavía casi de niña que apenas él le sonreía se cerraba imperceptiblemente y ya parecía abrirse en una sonrisa, cuando de repente de la oscuridad relampagueaba aquella despiadada ge del GNAC y el rostro perdía los contornos, se transformaba en una mortecina sombra clara, y de la boca niña no se sabía más si había respondido a su sonrisa.
En medio de esta tempestad de pasiones, Marcovaldo trataba de enseñar a los hijos las posiciones de los cuerpos celestes.
- Aquello es el Gran Carro, uno dos tres cuatro y allí el timón, aquello es el Pequeño Carro, y la Estrella Polar señala el Norte.
- ¿Y aquella otra qué cosa señala?
- Aquella señala la ce. Pero no tiene que ver con las estrellas. Es la última letra de la palabra COGNAC. Las estrellas, por lo contrario, señalan los puntos cardinales. Norte Sur Este Oeste. La luna tiene la joroba al Oeste. Joroba al poniente, luna creciente. Joroba a levante, luna menguante.
- Papá, ¿entonces el cognac es menguante? ¡La ce tiene la joroba a levante!
- No tiene que ver, creciente o menguante: es un anuncio puesto allí por la empresa Spaak.
- ¿Y a la luna qué empresa la ha puesto?
- A la luna no la ha puesto una empresa. Es un satélite, y está siempre.
- Si está siempre, ¿por qué cambia de joroba?
- Son los cuartos. Se le ve sólo un pedazo.
- También al COGNAC se le ve sólo un pedazo.
- Porque está el techo del edificio Pierbernardi, que es más alto.
- ¿Más alto que la luna?
Y así, en cada encenderse del GNAC, los astros de Marcovaldo se iban a confundir con comercios terrestres, e Isolina transformaba un suspiro en la respiración entrecortada de un mambo tarareado, y la muchacha de la buhardilla desaparecía en aquel anillo deslumbrante y frío, escondiendo su respuesta al beso que Fiordaligi había finalmente tenido el coraje de mandarle sobre la punta de los dedos, y Pietrucio y Michelino con los puños delante del rostro jugaban al ametrallamento aéreo -Ta-ta-ta-tá...- contra el anuncio luminoso, que después de los veinte segundos se apagaba.
- Ta-ta-tá... ¿Has visto, papá, que lo he apagado con una sola ráfaga? - dijo Pietrucio, mas ya, fuera de la luz de neón, su fanatismo guerrero se había desvanecido y los ojos se le llenaban de sueño.
- ¡Ojalá -se le escapó decir al padre- se hiciera pedazos! Les haría ver a Leo, a Géminis...
- ¡El león! -Michelino fue presa del entusiasmo-. ¡Espera! -Le había venido una idea. Tomó la resortera, la cargó con la gravilla de la cual siempre tenía en la bolsa una reserva, y tiró una ráfaga de piedrecillas con todas las fuerzas contra el GNAC.
Se escuchó la granizada caer diseminada sobre las tejas del techo de enfrente, sobre las placas de la tubería, el tintineo de los vidrios de una ventana golpeada, el gong de un pedruzco que pegó allá abajo en una concavidad de un fanal, una voz en la calle:
-¡Llueven piedras! ¡Eh, allá arriba! ¡Canalla!- Mas el anuncio luminoso, justo en el momento del tiro, se había apagado debido al fin de sus veinte segundos. Y todos en la mansarda se pusieron mentalmente a contar: uno dos tres, diez once, hasta veinte.
Contaron diecinueve, respiraron hondo, contaron veinte, contaron veintiuno veintidós por el temor de haber contado demasiado deprisa, pero no, nada, el GNAC no se reencendía, quedaba un negro garabato mal descifrable trenzado a su castillo de sostén como la vid a la pérgola. -¡Aaah!- gritaron todos y la capa del cielo se alzó infinitamente estrellada sobre ellos.
Marcovaldo, interrumpido a mano alzada en la bofetada que quería dar a Michelino, se sintió como proyectado en el espacio. La oscuridad que ahora reinaba a la altura de los techos hacía como una barrera oscura que excluía allá abajo el mundo donde continuaban a girar en remolinos jeroglíficos amarillos y verdes y rojos, y guiñosos ojos de semáforos, y el luminoso navegar de los tranvías vacíos y los autos invisibles que empujan delante de sí el cono de luz de los fanales. De este mundo no ascendía más que una fosforescencia difusa, vaga como el humo. Y al alzar la vista ya no más deslumbrada, se abría la perspectiva de los espacios, las constelaciones se dilataban en profundidad, el firmamento rotaba por doquier, esfera que contiene todo y no la contiene ningún límite, y sólo un ralear de su trama, como una brecha, abría hacia Venus, para hacerla resaltar sola sobre la cornisa de la tierra, con su firme cruce de luz estallada y concentrada en un punto.
Suspendida en este cielo, la luna nueva, en vez de ostentar la abstracta apariencia de medialuna, revelaba su naturaleza de esfera opaca iluminada en torno por los rayos oblícuos de un sol perdido de la tierra, pero que de todos modos conservaba -como puede verse sólo en ciertas noches de plena primavera- su cálido calor. Y Marcovaldo al mirar aquella estrecha rivera de luna recortada allí, entre sombra y luz, sentía una nostalgia como de alcanzar una playa que permanece milagrosamente soleada en la noche.
Así quedaban asomados a la mansarda, los niños espantados por las desmesuradas consecuencias de su gesto, Isolina raptada como en éxtasis. Fiordaligi, que único entre todos distinguía la tenue buhardilla iluminada y finalmente la sonrisa lunar de la muchacha. La mamá se sacudió: - Vamos, vamos, es noche. ¿Qué hacen asomados? ¡Tomarán un achaque bajo este claro de luna!
Michelino apuntó la resortera en alto -¡Y yo apago la luna!-. Fue tomado por los pelos y llevado a la cama.
Así por el resto de aquella y por toda la noche siguiente, el anuncio luminoso sobre el techo de enfrente decía sólo SPAAK-CO, y de la mansarda de Marcovaldo se veía el firmamento. Fiordaligi y la muchacha lunar se enviaban besos con los dedos, y quizá hablándose con señas hubieran logrado fijar una cita.
Mas la mañana del segundo día, en el techo, entre los castillos del anuncio luminoso se recortaban sutiles sutiles las figuras de dos electricistas en overol, que verificaban los tubos y los cables. Con el aire de los viejos que preven el tiempo que habrá, Marcovaldo asomó la nariz y dijo: -Esta noche será de nuevo una noche de GNAC.
Alguien tocaba a la puerta de la mansarda. Abrieron. Era un señor con anteojos. -Disculpen, ¿podría echar una ojeada desde su ventana? Gracias -y se presentó-, Doctor Godifredo, agente de publicidad luminosa.
"¡Estamos arruinados! ¡Nos quieren hacer pagar los daños! -pensó Marcovaldo y ya se comía a los hijos con los ojos, olvidadizo de sus éxtasis astronómicos.- Ahora mira a la ventana y entiende que las piedras no pueden haber sido lanzadas sino desde acá". Intentó ponerse al cubierto: -Sabe, son muchachos, tiran así, a los gorriones, piedritas, no sé cómo es que fue a descomponerse aquel escrito de la Spaak. Pero los he castigado, ¡eh, si los he castigado! Y puede estar seguro de que no se repetirá más.
El doctor Godifredo puso una cara atenta. -En verdad, yo trabajo para la "Cognac Tomawak", no para la "Spaak". He venido para estudiar la posibilidad de una publicidad luminosa en este techo. Pero dígame, dígame lo mismo, me interesa.
Fue así que Marcovaldo, media hora después, concluía un contrato con la "Cognac Tomawak", la rival principal de la "Spaak". Los niños debían tirar con la resortera contra el GNAC cada vez que el escrito era reactivado.
- Debería ser la gota que derrame el vaso -dijo el doctor Godifredo. No se equivocaba: ya en el borde de la bancarrota por los fuertes gastos de la publicidad sostenida, la "Spaak" vio las continuas descomposturas de su más bella publicidad luminosa como un mal auspicio. La publicidad, que ahora decía COGAC ahora CONAC ahora CONC difundía entre los acreedores la idea de una ruina; a un cierto punto, la agencia publicitaria se negó a hacer otras reparaciones si no le pagaban los atrasos; el escrito apagado hizo crecer la alarma entre los acreedores; la "Spaak" quebró.
En el cielo de Marcovaldo la luna llena redondeaba en todo su esplendor.
Estaba en el último cuarto, cuando los electricistas regresaron a treparse al techo de enfrente. Y aquella noche, a caracteres de fuego, caracteres altos y anchos el doble de antes, se leía COGNAC TOMAWAK, y no había más luna ni firmamento ni cielo ni noche, solamente COGNAC TOMAWAK, COGNAC TOMAWAK, COGNAC TOMAWAK que se encendía y se apagaba cada dos segundos.
El más afectado de todos fue Fiordaligi; la buhardilla de la muchacha lunar había desaparecido detrás de una enorme, impenetrable doble v.



Del libro "Historias de Marcovaldo, las estaciones en la ciudad."

jueves, 24 de marzo de 2011

Pensar es un hecho revolucionario


"Pensar es un hecho revolucionario.
Pensar es un trabajo que cada uno debe hacer todos los días. Pensar nos distingue como seres humanos...
Pensar significa dudar, analizar, buscar, proyectar, dialogar, reflexionar...
Pensar es considerar al otro... tener presente que cuando uno habla hay otro que escucha.
Pensar significa libertad...
Pensar es la construcción del futuro...
Pensar es algo que poseemos y que tenemos que desarrollar.
Pensar es una forma de transformar y mejorar las condiciones de vida a las que todo ser humano tiene derecho. A través el arte desarrollar el pensamiento... la libertad... la justicia... la humanidad...

La obra es un texto inscripto sobre dos bloques de acero, donde hay que buscar la composición de la frase. La frase está inscripta en el vacío, fragmentada, continuando la idea de lo roto... poniendo en evidencia lo inconcluso... significando la interrupción de las vidas perdidas.
Pensar es un hecho revolucionario"

Marie Orensanz. Argentina, 1936. 1999-2009

domingo, 27 de junio de 2010

2015

Salí a mirar solo de curiosidad
y ahora estoy enloqueciendo
ya sé éstas rejas me cuidan de todo
pero me ahogan también.

Caminabas con la bolsa de pan
poco pero calentito
y tu hermanito puro mocos y barro
tropezando, levantandosé....

Y yo tan solo aquí en mi jaula de oro
y vos tan pobre pero libre
pero libre y hermosa

Todo lo que soy lo soy aquí adentro
del triciclo al primer beso
siempre dudando siempre temblando
siempre alejándome
cambio todo lo que hicieron de mi
por tomarte de la mano
y caminar por tu calle, tu barrio
saludando, respirando...

Y yo tan solo aquí en mi jaula de oro
y vos tan pobre pero libre
pero libre y hermosa.

Miedo a la calle
tengo miedo a la gente
miedo como una nueva religión
miedo a encontrarte
tengo miedo a tocarte
miedo a saber que ya no podré
jamás vivir sin miedo...

sin miedo....

Arbolito

jueves, 6 de noviembre de 2008

Surrealismo

"Qué" es la primera revista surrealista argentina. Para historia me tocó leer el número dos... unas 18 páginas cargadas de absolutas incongruencias... acordes al pensamiento surrealista, que se basa en lo onírico, y en el automatismo psíquico, es decir, en el caso de la escritura, el artista escribe lo primero que le viene a la cabeza, automáticamente, rápidamente, sin capacidad de razonamiento, y de éste modo, lo que se escribe es el estado del alma en absoluta pureza.
A continuación, transcribo algunos párrafos que aunque un tanto incoherentes, en un par de cosas me identifican:

Esperábamos el silencio porque, ¿quién se responde a sí mismo? Con la desfachatez de la angustia propia nos presentamos ante ojos que no saben leerse. Como nos escurrimos ante el desconocido de la calle que atesora, quizá, el misterio que perseguimos, los sentidos bastos tropezaron entre burlones y malhumorados con nuestras páginas, que simularon, a pesar nuestro, intentona literaria, apetito de mérito, y el absurdo lamentarse en el idioma vernáculo de nuestras inquitudes fue sospechado de parafraseo vacuo.

Antes de abrir las puertas

Los ojos olvidados en la palma de la mano
La risa sofocada por la tardanza del placer
Balancéate sobre el espacio inerme y sólido de espanto
Arranca de tu piel los gritos de la desventura
Por el camino ignorado
busca el día y la noche que no piensan en tí.

Sarcástico

Atmósfera: color de pájaros.
Levantaba al hablar el polvo imperceptible de tu nombre
De un salto franqueó la puerta de las apariencias
Se estrechan brazos de viento en las despedidas imaginarias
Cómo atravezar la carne de las enumeraciones
y hacer sangrar días y noches interminables
Hablan
pero yo pierdo todas las palabras
Sigiloso surgimiento de finales inaceptables
Todo encuentro es un distanciamiento
Toda persecusión es una fuga
Todos los seres son yo mismo
Buscad el país
donde el nacimiento y la muerte son actos de voluntad.

domingo, 12 de octubre de 2008

Puente del mundo

Verde cinta de tierra, que estando ausente llevo por dentro;
Olas de norte y sur se unen en tu centro.
Roja, azul, blanca aurora, nació del tajo de una sandía;
Un alma de inmigrante fue tu semilla, y la sangre del indio
Formó tu orilla. ¡piedra de cielo! ¡agua de luna!
Ngobe bugle, emberá, chocó, blanco, negro y kuna:
Perfiles de una esperanza que no se esfuma.

Un paraíso compraron cuentas de vidrio, telas y espejos;
Fuente de juventud para un viejo imperio.
La luz dentro de tu entraña se transformó en camino de
Acero, y nuestra gente en sombras de la que fueron.
¿cuándo seremos manos, en vez de dedos?
Con claro oscuro, con socabón, ¡con fiesta y duelo!
Pedazos de corazón formaron tu suelo.
Siempre estaremos aquí, aunque estemos lejos.

En el puente del mundo
Abiá yala bin sógue *

* ("amén a la américa indígena", en lenguaje kuna)

Rubén Blades.

Lindo tema para escuchar un 12 de octubre, y acordarse de la otra parte de la historia, de la parte de los que perdieron...

Para escuchar el tema, click acá:

lunes, 22 de septiembre de 2008

Caminando

Caminando, caminando
voy buscando libertad,
ojalá encuentre camino
para seguir caminando.
Es difícil encontrar
en la sombra claridad
cuando el sol que nos alumbra
descolora la verdad.

Cuánto tiempo me habré ido
desde cuándo estoy llegando
cuánto tiempo caminando
desde cuándo caminando.
Caminando, caminando.

Victor Jara

Para escuchar el tema (en la versión de Arbolito) hacé click ACÁ

domingo, 13 de julio de 2008

En una pared de Av de Mayo al 700


Esas armas las pagaste tú
a esos bestias los doma es Estao
bandas violentas abusan de poder
uniformes que deforman hombres y los hace enloquecer

No te van a escuchar..

Ska-P

lunes, 23 de junio de 2008

Un precio

Y cuándo empezó todo a tener un precio
tal vez cuando un necio a la luz se miró
y vio que a su lado despiadado el frío
sin techo ni abrigo, otra vida cobró.

O fue cuando el hambre terminó con Eva
y le dijo prueba, el reptil seductor
vaya precio que paga, vaya precio que paga
vaya precio que paga por vivir el amor.

Cuando un hombre debe más de lo que come
se entiende que entonces la teoría falló
porque aferrada y gorda la ambición respira
en otra barriga, en otra mansión.

Siempre trata el hombre de curar sus males
siempre tanto vales, tanto curarás
vivo sigue el mal mientras el bicho exista
y corra el socialista tras del capital.

Seguimos subidos todos en un globo
buscando acomodo sin poder bajar
y nunca ha faltado quien le ponga el precio
al silencio, al tiempo, a la luz, a la paz.

Al derecho ajeno y al respeto mismo
a la piel, al vicio o a la libertad
a la sinceridad, a la complacencia
al mar, a la ciencia y hasta a la verdad.

Alejandro Fillio

martes, 25 de marzo de 2008

El otrito

Respecto a la venida de Bob Dylan

(por León Gieco)

Es como un viento que viene a arrasar mi sur.
Me felicito por haber encontrado esta estrella entre tantas, es igual a todas, y diferente a sí misma… hace de esto, ya varias noches.
Las ansias son tan grandes que él desea ser cinco, seis o diez de si mismo, pero la naturaleza y la vida son perfectos, nos hace uno y nos comportamos como cien.

Sangre aquí, sangre allá, sangre en las cintas de los sonidos. De todas las banderas, la de la libertad es la que nunca se rinde. Aunque haya peligros que acechan, totalitarios, duros, embaucadores o fascistas, la libertad siempre está donde ellos no miran, por ejemplo, bajo las hojas secas.
Es alguien que viene a tocar mi tranquilidad, a educarme, me saca la pereza, me da un shot de amor, de desconcierto, de lectura fina, delirante y libre.
Un viento que dura poco, como las buenas cosas y, como las canciones nunca se fueron o siempre se quedaron es como recibir un derrame de mil de ellas en una sola noche.

Esta vez, no me encerré solo conmigo, sino también con él y, monologando un día le pregunté… qué de la parquedad, cómo es estar en la coraza de hierro de los hermanos Kelly, y por qué las canciones largas? Y algunas armónicas desafinadas?, de dónde tantas palabras para casi decirlo todo? Y a veces nada?
Él me miró serio y antes de abrir la puerta para irse me dijo: “a quién le hablás?, no tenés a nadie en frente, yo no soy.”

Sin escucharlo le sigo preguntando, quién se queda navegando en el lomo de tus canciones?
Sabrás que nada ha cambiado –Lo desafío.
Por qué tu falso reloj marca el tiempo?
Y cómo es el fondo del pozo de los deseos?
Y por qué los años pasan las puertas?
Y por qué conocés todo lo que digo mejor que yo?
Y la sala con hombres con martillos ensangrentados, los verás aquí también en Argentina?
Yéndose, me miró ignorándome –es la primera vez que me miran así- y contestó: “no ves que no me veo?, por lo tanto no me ves. No sé a quién le estás hablando”.

Levanto un poco el tono de voz, y le digo. Escuchame!! Estaré alguna vez en los puntos suspensivos de tu biografía?, porque hace más de 37 años que estás cantando en mi living con tu pasado tan actual.
Aunque el mundo no puede tener la razón al mismo tiempo, por qué la línea está trazada y la maldición echada?
Por qué hay tantos que sólo son un peón de su juego?
Y dónde están los diamantes del más profundo océano?
Puedo yo también mirar fijamente el flamear de las campanas de la libertad?
Podré escuchar las risas tras las puertas del edén?
Por qué cada uno desea lo que el otro tiene?
Yo con mis canciones, estaré anunciando la derrota o la victoria?

Como él no me contestaba, le digo fuertemente:
A mi tampoco ninguna respuesta me satisface.
Yo también sé que los ojos de los hijos se ven enloquecidos.
A mi también la alfombra se me mueve debajo de mis pies.
Yo tampoco puedo comprar una ilusión.
También sé de la venta de postales del ahorcamiento.
También ayudo a los demás y dejo que los demás me ayuden,
Y trato de que mi canción sea siempre cantada con fundamentos morales firmes para tratar de mantenerme por siempre joven.

Él- con un pie ya afuera porque no me soportaba más- me dice con fuego en los ojos: “No sé a quién le hablás, soy el otro”.

Antes de cerrar la puerta y dejarme monologando, le grito: Yo también tengo otro que va delante de mí y vos detrás gozando o reparando. Tengo testigos. Es más, quizás él te lo esté preguntando. No entendés que a mí me pasa lo mismo que a vooosssss!!!!

-Se escuchó como un eco el grito que pegué-.

Tomé aire y sin perder un segundo de tiempo, más amistoso por las dudas le digo: Todo lo mismo que te pasa a vos, sólo que más chiquito.

No lo ví más; -como siempre. Pero escuché tras la puerta cerrada, un último gruñido que dijo “…Entonces, hasta la vista otrito”.

Éste texto, me lo trajo mi hermana Carla. Se lo dieron en el show de Bob Dylan en Velez. Seguramente a mis amigos giequeros les gustará.

sábado, 12 de enero de 2008

Historia

Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.


Julio Cortázar. De "Historias de cronopios y de famas"

jueves, 10 de enero de 2008

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en ésto: Cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a tí te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Julio Cortázar. De "Manual de instrucciones".

En algún momento de mi vida leí algo con un concepto parecido en palabras de Galeano... Buscaré a ver si lo encuentro... Más allá de las épocas, y de que los relojes ya no sean a cuerda... Igual es aplicable a las cosas, casi casi que podría decirse a los teléfonos celulares... El día que sucumbí y me encontré teniendo uno de esos teléfonos, me prometí a mi misma; y los que me conocen bien no me dejarán mentir, que el teléfono no me volvería su esclava, pidiéndome que lo cargue, que lo pague, que lo atienda y esté pendiente de él... Todavía cumplo... Yo no estoy al servicio de las cosas... Solamente de mis gatas, Leo, Gorda y Lala, ellas sí, ya se proclamaron mis dueñas.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Volviendo al ruedo...

Solo figuras

A veces es ponerse un disfraz
Como resignarse a no creer
Con la mente atada
A que nada va a cambiar

A veces es no ver ni escuchar
Como para no enloquecer
En la oscuridad misma
Del cuarto en soledad

Y veo en frente, un abismo, un pozo en el tiempo
Una copa extraña
Se que ahora voy a beberla,
entrar en su efecto que siempre me engaña.

Pero el sol es sólo una llama
La tierra es una pantalla,
Y nosotros solo figuras
Que pasan y que se esfuman

A veces un impulso inicial
Provoca la inercia y va a romper
Con la movilidad misma
Cualquier acto de fé

Puedo ser mejor, más eficaz
Decidido como lo fui ayer
Para ir a buscarte
Y dar una vuelta más

Descreer de un final bien preciso
con fecha y hora, lugar y circunstancia,
Darse el lujo de los inmortales
que al paso del tiempo no dan importancia.

Pero el sol es sólo una llama,
la tierra es una pantalla,
Y nosotros solo figuras,
que pasan y que se esfuman
Y nosotros solo figuras,
que pasan y que se esfuman

Y nosotros solo figuras,
que pasan y que se esfuman.

By Los tipitos/León Gieco

domingo, 23 de septiembre de 2007

Lo tiro o lo guardo?

Por Marciano Durán

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad. ¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces. ¡Nos están fastidiando!¡¡ Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de.......... . años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon. La goma solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo". Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos! Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín. Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a manoen una sota de espada que decía "este es un 4 de bastos". Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo. Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney. Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: "Cómase el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Ah ¡ No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.Hasta aquí

lunes, 27 de agosto de 2007

El barrio de Caballito por Rep

En la facu hay una exposición del dibujante Rep, en donde se exponen los barrios porteños según él. He aquí el barrio en el que me crié...

Si ésto se dispone a andar bien (no se por qué a veces anda y a veces no) haciendo click sobre la se vé mas grande y, suponemos, legible.